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EL NUEVO NACIMIENTO Y EL REINO DE DIOS

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A Nicodemo, un fariseo de renombre, Jesús le dijo: “ De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede entrar acaso por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va, así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:3-8).

Aquí Jesús está dando la clave para poder ver e ingresar en su reino milenario en la tierra de la era venidera. Aquí Jesús dice que se debe “nacer de agua y del espíritu”. ¿Qué significa eso exactamente? La mayoría de cristianos ignora el significado de esta revelación de Jesucristo, pues no se les ha estimulado a reexaminar sus creencias a la luz de las Santas Escrituras, la Biblia. Pues bien, ahora usted tiene la oportunidad de saberlo con verdad. El agua en la Biblia suele tener dos significados básicos: La Palabra de Dios y el Bautismo. Pedro habla de “renacidos por la Palabra de Dios” en 1 Pedro 1:23, donde dice claramente: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. De modo que la Palabra de Dios hace renacer a un convertido, y lo transforma en un hombre nuevo, en un niño en Cristo, el cual será reeducado en los valores de la fe. Y en Juan 15:3 Jesús dice algo interesante: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”. De modo que la palabra de Dios tiene el efecto del agua: limpiar la mugre espiritual, o los pecados. Y Pablo dice que la Palabra de Dios actúa en los creyentes: “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:13). Sí, la palabra de Dios (=el evangelio del reino) actúa en los creyentes para transformarlos en “nuevos hombres” (Romanos 12:2, 2 Corintios 5:17).

La segunda connotación del agua es el bautismo. El hombre que cree en Cristo, y en su evangelio del reino, se bautizará en agua para el perdón de sus pecados (1 Pedro 3:20,21; Hechos 2:38). En Hechos 8:12 tenemos los dos aspectos del agua actuando juntos cuando Felipe bautizó (en agua por inmersión) a aquellos que recibieron creyeron en la palabra del evangelio del reino (o agua espiritual) con fe. Dice así el texto: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres”. Por supuesto que después de este bautismo los hombres y mujeres creyentes se llenaron del Espíritu de Dios (Hechos 2:38). Habían nacido del Espíritu Santo por la Palabra del evangelio del reino que es también la espada del Espíritu (Efesios 6:17). Entonces, la palabra del evangelio del reino de Dios hace renacer a muchos hombres “de agua y del espíritu”, para convertirlos en soldados de Cristo, en hombres santos y probos.

Por tanto, al hombre “renacido” se le conoce por sus frutos---¡los del Espíritu Santo!. El hombre nuevo vivirá bajo el Espíritu Santo y ya no bajo “la carne” ( Romanos 8:1-17). El creyente es ahora un hijo de Dios, y heredero de todas las promesas ofrecidas por Dios a un hijo obediente y leal. Tendrá, pues, el derecho de ser un heredero del reino del Padre como un príncipe glorioso al lado de su hermano mayor, el Señor Jesucristo, el Rey del reino de Dios (Apocalipsis 3:21).

También el otro aspecto del “nacimiento del Espíritu” es aquel referido a la “resurrección espiritual” del creyente difunto para heredar el reino venidero milenario. Ya el apóstol Pablo había explicado el hecho de que si poseemos el Espíritu Santo en nosotros por la conversión, entonces Dios nos resucitará por Su Espíritu para heredar el reino. Dice así Pablo: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11) . Nótese la importancia de tener el Espíritu de Dios. Sin Él no podremos resucitar para heredar el reino glorioso. De allí la importancia del renacimiento del Espíritu. Se renace con un cuerpo espiritual por el Espíritu que mora en nosotros (1 Corintios 15:42-44). Luego, al recibir el “renacimiento espiritual” (= la resurrección con cuerpos espirituales), entonces veremos y entraremos en el reino prometido de justicia de la era venidera.

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